domingo, 3 de mayo de 2020

BEETHOVEN EN EL PARO

Se cumplen 3 años desde que hice esta publicación en LinkedIn. Debido a los acontecimientos en los que estamos inmersos en estos momentos un tanto convulsos, no ha perdido ni un ápice de su vigencia. 



Al igual que desde hace unos años se puso de moda crear gin tonics de los sabores más rimbombantes, que como una vez oí a un humorista, eran auténticas ensaladas de pepino, he decidido meter todo lo que veo y compruebo que está sucediendo en estos momentos en el área de recursos humanos, las tendencias, los nuevos conceptos, cómo se comporta el mercado de trabajo etcétera y hacer cócteles. Así cogiendo un poco de allí, una pizca de allá, un poco de imaginación y todo a la coctelera, agitamos y a ver si sale algo nuevo.
El coctel de hoy está cargado de distintas tonalidades de sabores ácidos, con esencias picantes que producen un regusto amargo en el paladar (¿serán las burbújas de la tónica o el chile?). Lo he llamado Beethoven en el Paro.
Primer ingrediente. Una profesión innecesaria. ¿Quién contrata a un músico aunque sea su pasión? Aunque durante su carrera haya desarrollado una gran cantidad de competencias troncales y transversales, como sentido de trabajo armónico en equipo, liderazgo como director de orquesta, planificación y constancia en el ensayo hasta su perfecta ejecución, creatividad como compositor... Mucho hablamos de la creatividad, de ponerse distintos sombreros, de salir constantemente del área de confort, como demostró incluyendo un coro en el 4º movimiento de la 9ª sinfonía, pero pocos, creo que ninguno, músico profesional es contratado por las empresas a tenor de las competencias que han desarrollado por el aprendizaje y ejecución musical.
Segundo Ingrediente. Personalidad. Beethoven tenía un carácter de mil demonios. Era rudo y tosco con sus colaboradores, exigente hasta la extenuación. Lo que hoy llamaríamos un Lider Tóxico, incluso con tendencias suicidas como dejó escrito en alguna carta. En un mundo empresarial como el nuestro super cool, happy flower y chupipandi, poca cabida tendría una persona de estas características.
Tercer Ingrediente. Edad. Aunque destacó muy joven como pianista e incluso destacó como precoz compositor -su primera composición fue a  los 11 años-, su obra cumbre fue terminada con 53 años. Todo un carcamal para nuestro mercado de trabajo actual donde la edad se ha convertido en una lacra, convirtiendo las calles en un auténtico cementerio de elefantes.
Cuarto Ingrediente. Estética. Sin comentarios, pero como todo genio, el patrón estético no era para él un valor esencial. Y hoy la imagen lo es todo, o casi todo.
Quinto Ingrediente. Sordera. ¡Un discapacitado! ¡Hasta ahí podríamos llegar! Aunque la sordera, perdón, carencia auditiva, fue evidente desde su juventud, incluso se duda si fue la gran causa de su permanente mal carácter. Esto no le impidió crear en su cabeza algunas de las obras con mayor repercusión en la historia de la música.
Hay más motivos para pensar que el creador del Himno a la Alegría, actual himno de la Unión Europea, si viviese hoy estaría desempleado. O sería autónomo mal vendiendo sus composiciones en plataformas de distribución musical por internet.
Pero esto es lo que tiene la era de la gestión del talento: mucha literatura y lo primero que hacemos es descartarlo por no encajar en los patrones socialmente admitidos.
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Publicado originalmente en LinkedIn el 4 de mayo de 2017





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